Y una vez más el ciclo volvía a girar. Había jugado con el fuego, se había acercado demasiado… y terminó quemándose. Quemándose en un ardor que dolía mucho más que el ardor de mil infiernos. Pero, era momento de resignarse. Rachel no podía más, y ella, en lo profundo de su consciencia estaba segura que era lo mejor. Después de todo, ya había presentado muchas muestras de egoísmo, lastimando a Rachel y dejándola regresar a sus brazos solo para lastimarla de nuevo. Esta vez no podía ser así. Esta vez… tenía que dejarla ser feliz.
Pero, el dolor en su pecho se extendía. Y se preguntaba, una y otra vez, que estaría haciendo. En si la odiaba. En si la dejaría entrar de nuevo a su corazón… no. No, no podía pensar eso… pero… diablos. La tentación, la manera en que habían pasado tan solos segundos desde que sus labios se habían separado de los de Santana esa mañana y ya la estaba extrañando, porque sabía que la iba a perder, de nuevo. Terminó de debatir consigo misma y tomó las llaves de su vehículo, poniendo un sweater café claro abierto sobre su blusa de color azul oscuro, unos jeans y su pelo suelto, un poco enmarañado por las veces que pasó sus manos por su rubia melena en frustración por sus pensamientos. Se dirigió a su destino en su mini cooper rojo y en unos cuantos minutos llegó a la casa inundada de gente con bebidas y la música retumbando en el ambiente. Se bajó del vehículo y entró, rezando por no encontrarse a Lexy ya que no tenía muchas ganas de pelear, al menos no con alguien que no fuera Santana.
Definitivamente Quinn tenía el don perfecto para desesperarla pero era algo que no iba a dejar que lograra en esos...
Las vibras viajando por todo su cuerpo la estremecían y la hacían más y más débil con el paso de los segundos. Pero, con...